martes, 15 de mayo de 2012

Textos: comentarios sobre su trabajo plástico


Toda obra deja al que la recibe un espacio de juego que tiene que rellenar
H.G. Gadamder, "El arte como juego, símbolo y fiesta"

Resignificaciones

La curaduría que presentamos parte de la rica y compleja identidad de Pilar Vigil -o Larpi Gilvi, como ella prefiere llamarse-. Hija de madre peruana y padre español, ambos lados del Atlántico la constituyen. Llega a Buenos Aires con un bagaje de historias y testimonios que transfiere con absoluta libertad a su narrativa visual.
Su padre Pepe viajaba por las tierras americanas tras los duros tiempos de la guerra civil española y es en Perú donde conoce a “La Colorada Panocha”, su madre. La infancia sumida en la pobreza y el temprano padecimiento de una larga enfermedad de ésta, serán incorporados luego en la obra de la futura artista. En 1961, en Lima, nace Pilar y al poco tiempo la familia se instala en Barcelona luego del ascenso al poder de Velasco Alvarado. Su proclama “¡Perú para los peruanos!” coincide con los deseos del padre de volver a su España natal después de veinte años de ausencia. Allí Pilar pasa la mayor parte de su vida repartiendo su tiempo entre la enseñanza de historia del arte y la colaboración periodística en diversas publicaciones. En 1985 se inicia de forma autodidacta en la práctica artística, recibiendo la influencia de dos grandes artistas catalanes, Antoni Tapiès y Joan Brossa, en cuyas obras encuentra la potencialidad de la materia y el encuadre conceptual de la obra. A fines de los 80 se muda a Buenos Aires y comienza a producir obra que, a través de la revisión de sus raíces, resignifica su identidad.
Su práctica artística podría definirse como una búsqueda permanente, una fuente inagotable de energía cuyo punto de partida son las anécdotas que sus padres le contaron en su infancia. A partir del juego, como una niña, Pilar se divierte tejiendo, bordando, dibujando, pegando y recortando materiales que remiten a episodios autobiográficos. De este modo, estas prácticas se vuelven obra y logran autonomía estética.
Técnica, materiales y lenguajes adoptan en su obra posibilidades ilimitadas. Por su parte, los colores que emplea tienen una carga semántica particular. Los materiales recogidos en la calle, presentes en sus assamblages, expresan la pobreza que su madre pasó de niña en Perú; las bolsas de café de arpillera, encontradas en bares barceloneses, abrigan las historias de un padre que en muchas ocasiones pasó frío; por su parte, el estilo pop presente en algunos retratos de familia, le permite relatar la condición de migrantes vivida en los Estados Unidos; finalmente, en cuanto a lo cromático, la presencia del amarillo remite a la enfermedad, mientras que el rojo nos recuerda a “La Colorada Panocha”.
Más allá de estas operaciones técnicas o estilísticas, el aspecto lúdico, humorístico e irónico está constantemente presente en su trabajo. Esto le posibilita tratar temáticas que, observadas en profundidad, resultan ser densas, profundas y dolorosas. La muerte acechante, la enfermedad y la pobreza en la niñez son ejes que recién en su práctica artística más reciente adoptan un lenguaje de mayor severidad. Ejemplo de esto son las series “Pelotas de trapo” y “La enfermedad surrealista”.
Mediante la producción de una obra permeable tanto a sus raíces biográficas, ideológicas y culturales, como a la aportación de lenguajes contemporáneos, Pilar trabaja sobre su identidad. Ésta no es determinada de una forma estática, sino que le sirve para ahondar en sí misma y permitirse constantes resemantizaciones; a partir de este proceso, tanto las experiencias vividas como la materia que utiliza en sus piezas, son transformadas generando nuevas mixturas que acentúan el cambio, interminablemente.

Curadoras Renata Zas y Natasha Slotopolsky, 'Resignificaciones',
texto catálogo muestra título homónimo,
Fundacion Standard Bank, Buenos Aires, Argentina, 2012



ORGANIZACION PEPE, MITOLOGIA FAMILIAR, II


Mitología familiar. Una lectura desde el psicoanálisis.

Todos tenemos o hemos tenido un padre, una madre, tal vez hermanos, abuelos y algún que otro familiar más. Familias grandes o pequeñas. Un padre con el que se podía contar  o tal vez todo lo contrario ausente, aventurero o exigente, cariñoso o cruel. Una madre alegre o tal vez depresiva, laburadora o charlatana, abnegada o mas bien egoísta. Sean los que fueren los rasgos que los hayan caracterizado, nuestros padres nos hacen hablar, porque nos han traído momentos de felicidad… porque nos han hecho sufrir….
Son causa y motivación de horas y horas de contento, de llanto, de furia, de preocupación… y de charla con quien nos preste la oreja: amigos, pareja o incluso algún vecino, verdulero o peluquero amigo. Algunas veces las peripecias de nuestra vida familiar nos lleva al diván de algún psicoanalista y su consultorio se poblará de escenas de todo tipo protagonizadas por nuestra parentela. Habrán algunos papeles protagónicos –claro- y otros secundarios, pero todos girarán en torno a nosotros.
La historia familiar lleva a algunos a cosas sorprendentes, algunos parecen movidos por la necesidad de escribir en torno a la experiencia propia y le dedican páginas y páginas, libros enteros, a fin de abordar de una u otra manera aquello que los caló hondo. Otros filman y narran de diferentes modos las dinámicas familiares, los conflictos que en su seno se generan,  las anécdotas compartidas… en un intento de bordear de alguna manera la experiencia vivida. Y algunos otros a ese empuje, a esa fuerza que no deja de hacerse sentir y traer recuerdos de la infancia la transforman en objetos, en cuadros, en telas.  Pilar Vigil es un exponente de esta especie.


Organización Pepe. Mitología familiar.

Como dice María Silvia V. S. de Sayús, la curadora de esta muestra “…Organización Pepe, es la segunda parte de Mitologías familiares. La primera fue la historia de su madre La colorada Panocha, dibujada o modelada con hilos y alambres, crayones, collage, yute y botones sobre telas y papeles…” Como podemos apreciar en esta oportunidad,  Pilar Vigil se sumerge una vez más en el recuerdo y recreación del mundo familiar de su infancia, y contornea mientras borda anécdotas, decires y deseos paternos. Mientras recorremos la muestra vemos como la figura de su padre va tomando forma, aquella que la artista quiso de alguna manera darle. Pilar nos lleva de la mano a recorrer, una vez más, un mundo interior transformado en muestra de aquella vida familiar que no deja de buscarla en el presente, de rondarla, de alcanzarla.
Freud, padre del psicoanálisis, descubrió entre otras cosas que estamos atravesados por las marcas de nuestra infancia. Estas marcas habitan dentro nuestro y no dejan de tener efectos en nuestra conducta, en nuestros pensamientos, en nuestras decisiones, en nuestros sueños. Postuló la existencia de un inconciente que, a pesar de ser desconocido por nosotros, nos determina más de lo que creemos, y en donde las huellas de nuestra más tierna infancia perviven con igual fuerza que antaño a pesar del paso del tiempo. Esas experiencias, esas vivencias infantiles y no tanto, dejan una huella indeleble que nos lleva muchas veces sin notarlo por determinados caminos, sea para seguir aquel rastro, aquella huella familiar, sea para oponernos. Esos personajes madre, padre, cuyo amor era tan importante para nosotros de niños, y de quienes supuestamente nos desprendimos cuando crecimos, pasan a incidirnos de una manera no por ignorada menos poderosa… en la elección de una carrera, de una pareja (¡igualito a papá!... o ¡Me busqué uno que fuera lo opuesto!) o incluso en la manera de criar a nuestros hijos aún si nos esmeramos de no hacer lo que hicieron con nosotros.
Esto es lo que descubrió Freud y que a tantos años de la creación del psicoanálisis re-descubrimos quienes nos dedicamos a escuchar a quienes nos consultan. El inconciente es atemporal, y esto significa entre otras cosas, que ese mundo de nuestra infancia, ese mundo que nos constituyó como los seres que somos, habita dentro nuestro, como decía hace un momento, tiene existencia propia y nos visita, nos toca la puerta, retorna… en nuestros fantaseos diurnos, en nuestros sueños, en nuestras pesadillas. Si de algo uno puede estar seguro, eso es lo que sostiene el psicoanálisis, es que de alguna forma vuelve. Esto es lo que nos muestra Pilar con tanta gracia, ella nos abre su corazón y nos enfrenta con una verdad compartida: vivimos acompañados, más acompañados de lo que a veces imaginamos, todos llevamos una mitología familiar a cuestas.


Determinación y libre albedrío.

Pero por suerte, y eso también lo fue descubriendo el psicoanálisis, no todo es determinación, no somos simples marionetas del destino que nos tocó en suerte, con lo bueno o malo, placentero o doloroso que vino con él. En el hombre habita la posibilidad de crear. De crear, con aquello con lo que se cuenta, algo diferente. Dentro de cierta determinación inconciente tenemos libertad. Tenemos un potencial a descubrir: el don de la transformación. De transformar aquello doloroso en algo que deje de perturbarnos, de transformar aquello valorado poseído por otros en algo propio, de transformar aquello que nos incomodaba en algo de lo cual nos podamos reír. ¡Que alivio cuando la posibilidad de jugar, de reírnos está al alcance de nuestras manos!
Y en ese punto la nominación mitología familiar define adecuadamente aquello de lo que se trata: de un mito familiar. Historia que adopta un estatuto particular, mitológico. Historia familiar, acontecimientos, sucesos y peripecias familiares, que no pueden ser abordados más que desde la subjetividad del que cuenta, del que narra, de la que borda y borda. Transformación de la historia familiar a la condición de mito, en donde verdad y falsedad dejan de ser categorías aplicables y en donde todo el peso está puesto en la narración. Pilar narra y construye un mundo, lo tenemos aquí a disposición para recorrerlo, para admirarlo, para llevarnos un pedazo de él a nuestras casas si lo deseamos. Pepe, el padre también narraba y, para disfrute de su familia y de su hija, llenaba su hogar de anécdotas que constituían más una poética que otra cosa.
Pepe solía decir que en la guerra de Rusia tuvo: “Más frío que un perro chiquitín”, Más hambre que un torero sin cartel”, “Más miedo que once viejas”. Eso si que es transformar el frío, el hambre, el miedo en otra cosa, hacer uso de la palabra y valerse de su potencia creativa y jugar incluso con aquello que pudo resultar una experiencia dolorosa. Y es justamente esta inclinación a la poética, al juego, a la ironía tierna de la que se apropia la autora y que vemos entre otras obras en “Carta a la Polola” o en “Pepito lector”. Como nos dice la autora respecto del padre: “… con el abanico de posibilidades que nos abre el arte, la poesía, el hilo, es que conté de otra manera algunos de sus cuentos en esta nueva entrega de Mitología Familiar.”
En su investigación Freud fue descubriendo que múltiples son los destinos de aquello que no cesa de surgir en nosotros. La obra creativa es uno de esos destinos. Cual pequeño dios el artista construye una realidad diferente, a medida de sus sueños y sufrimientos, de sus anhelos y añoranzas. De-construye y construye una realidad nueva, diferente, como Larpi Gilvi, más conocida como Pilar Vigil muestra.
Como decía anteriormente, nuestras vidas están atravesadas por la determinación y por el azar. Por la determinación por lo viejo conocido-desconocido reprimido, inconciente y por lo nuevo que nos sorprende, que se introduce en nuestras vidas de una u otra forma, trayendo –por suerte- aires nuevos. Algunos se aferran de pies juntillas a lo conocido, a pesar de lo empobrecedor y estirilizante que esto pueda resultar. Otros se animan a poner las cosas al revés, o en otro orden, o, más aún, a adentrarse en mundos desconocidos, tildados por algunos de esotéricos. Pilar Vigil parece no temerle a estos mundos, más aún les abre la puerta de par en par y vemos como brotan de su interior dotes de alquimista. Porque no es una artista-artesana cualquiera, no, es una iniciada en el arte de la transmutación, logrando con aquellos elementos con los que experimenta obtener algo nuevo, inexistente previamente.


Amor al padre.

El amor transforma, eleva… no sólo al que ama sino al objeto de ese amor. Cualquiera que haya estado enamorado lo ha comprobado, en especial, cuando el enamoramiento pasó y una dice “de este cualunque me enamoré… y yo que lo veía… no sé…” Es un sentimiento muy poderoso. Y, como descubrió Freud y ya es voz populi, estos enamoramientos nos arroban ya de pequeñitos. No es necesario que les cuente del descubrimiento por parte del creador del psicoanálisis del complejo de Edipo ¿no?
En versión simple y tradicional alude al amor que el niño varón siente por su madre y a la hostilidad que le despierta su padre en tanto rival de ese amor. En la niña lo que se encuentra en cambio es un intenso amor por su padre y la hostilidad por la rivalidad jugada con la madre, quien osa poseer al padre de la niña quien lo desea en exclusiva para ella. Dije que este era el Edipo en versión simple porque los amores y los odios tanto en el caso de los niños y de las niñas son para ambos: padre y madre. Y estos afectos muchas veces desmesurados y a la vista, sin nada que los vele u oculte, alcanzan y sobran para algunos más, hermanos, tíos, abuelos o cualquiera cercano en el ámbito de la crianza. Los amores y los odios surgen y habitan en la morada de toda familia y con suerte, o más bien con trabajo –de todos- se sofrenan, se contienen, se suavizan. Digamos que nos vamos civilizando, de niños, y de adultos cuando de pronto nos dimos cuenta que nos queremos morfar de amor a nuestros niños y engullirlos o cuando queremos asesinarlos y hacerlos pedacitos… Es decir civilización y barbarie viven en todo hogar. Si el amor predomina por sobre el odio, eso sostuvo Freud en el mito sobre la creación de la cultura, las pasiones son sofrenadas y podemos convivir unos con otros bajo el mismo techo. El amor pacifica los espíritus y une. Permite reconocer los daños inflingidos al objeto odiado y pedir perdón. También permite perdonar.
Pero volvamos a la muestra. Organización Pepe nos invita a adentrarnos en la mitología familiar de Larpi Gilvi quien aborda mientras borda deseos, mandatos y exigencias paternas, que seguramente hicieron sentir su peso y que -no me caben dudas- deben haber producido todo tipo de reacciones y sublevaciones filiales -les cuento que Pilar no se volvió monja-. La muestra que tenemos a nuestro alrededor nos invita a ponernos el traje de detective privado y suponer con las pistas que nos deja la autora que Pepe, “católico de tradición y autoridad del hogar” suscitó en la pobre niña alguna que otra pataleta a la hora verse impedida de hacer la cama a la criolla o algún temor recóndito hacia el palo, “El palo… es malo, es malo, es malo” pero aquellas vivencias que podemos suponer y elucubrar en nuestras mentes suspicaces, son -como decía hace un rato- transmutados gracias a las dotes alquimistas de Pilar en algo nuevo, diferente, con realidad propia. Y ello se debe –creo yo- a que apela al poder de la transformación que –como decía antes- posee el amor. Amor que permite la ironía como podemos apreciar en  “Que todas fuéramos monjas”, en donde el mandato paterno es tomado en tono bromista. Ironía que invita a jugar, a sonreírnos, a imaginarnos escenas como es el caso de “El trono” con su bandera izada que dice Padre con mayúsculas. Ni que decir de la gracia que tiene ¡No hagas las camas a la criolla! que nos zambulle de lleno a La forma en que se hacen las camas según Pepe indica y enseña de manera precisa a su prole.
Para terminar, no sé que pensarán ustedes… pero para mí… esta muestra es fruto del amor de una hija a un padre. Es lo que me dice “Baobab”, aquella tela, aquella talmita en la que la artista borda un árbol-niña, con una hermosa reproducción de su rostro infantil, en donde vemos como dicho árbol hunde sus raíces en la tierra y se nutre del aquel padre amado, perdido y recuperado. Aquella niña nos mira con mirada calma y penetrante y nos atraviesa, me atraviesa y me dice sin palabras pero con una intensidad que me conmueve del amor por su padre, de cómo lo ha incorporado, de cómo vive en ella. Debo reconocer que una vez más Pilar me llegó al corazón.

Lic. Irene Apesteguía, 'Mitología familiar, una lectura desde el psicoanálisis',
charla pronunciada en el marco de la muestra "Organización Pepe",
Museo de arte español Enrique Larreta,
Buenos Aires, Argentina, Junio, 2011


Historias a puntadas, un cómic de tela

Las salas del Museo de Arte Español Enrique Larreta albergan en esta oportunidad obras de la artista hispanoperuana-argentina Pilar Vigil. Mediante una técnica textil libre y a modo de cómic, o el auca de la tradición barcelonesa, esta artista relata la historia de su padre José María, un español errante que emprendió la retirada después de sufrir los avatares de las guerras que asolaron Europa en las primeras décadas del siglo que pasó.
Vigil, mujer custodia de la memoria, artesana y artista, borda y reborda estas imágenes realizadas sobre lienzos de tela basta dibujados con hilos de algodón en punto hilván o "couchage", según convenga. Son pequeños tapices o "talmitas", como las llama la artista, o sea esclavinas, como las que se usaban para ir a la ópera y que su padre se colocaba sobre la piel para un mayor abrigo en la guerra en invierno. Y enriquece el mensaje con algunos objetos, muñecos, escenas, que evocan al padre que ya no está,. El conjunto de obras se convierte así en una gran instalación, una puesta en escena, con algo de literatura de cordel y teatro en miniatura.
Con la añoranza de una hija radicada en el extranjero y al dictado de la memoria, las citas repetidas en la familia, las anécdotas anotadas en un diario de vida, son revividas e interpretadas por su ser de mujer mediadora.
Esta muestra, Organización Pepe, es la segunda parte de Mitologías familiares. La primera fue la historia de su madre La Colorada Panocha, dibujada o modelada con hilos y alambres, crayones, collage, yute y botones sobre telas y papeles, y exhibida en la Galería Van Riel, ell Casal de Catalunya, y en el espacio de arte de ESEADE en 2007 y 2008, respectivamente.
Pepe, pepito, el padre, pasa a ser otro personaje de esta saga familiar. Y su personalidad, su modo de ser, -autoridad del hogar, católico de tradición, con un profundo amor por el orden doméstico y la lectura, sus diferentes trabajos, su andar por tierras americanas, la experiencia de las guerras-, queda "bordado" en la lisitud de la tela o modelado en una marioneta de madera y alambre.
Ya sea a modo de vestiduras litúrgicas, o piezas de guignol, la artista recrea a su "pepito" con gesto ágil y seguro. Así, "el frío de Rusia", "la herida de bala", "la maleta boliviana", "carta a la polola" sobre patines de encerar, "pepito, lector infatigable", en dos o tres dimensiones, "el trono", la autoridad, la jerarquía, "que todas fuéramos monjas",con el concepo quijotesco de la castidad y pureza de la mujer, "el metro de Barcelona", "baobab", van engarzando, en negro para el contorno, y en tonos de rojo,, amarillo, blanco, acorde a los múltiples detalles que las componen, todo un sinfín de sentidos.
Se establece entonces una relación entre la artista y su creatura y el espectador, a medida que transcribe ese mundo privado, casi íntimo, otrora invisible, como un pasaje de la anonimidad a la escena. Un poco como las instalaciones del artista poeta catalán Joan Brossa, que en los setenta trabajaba palabras, imágenes, objetos, música, en una intertextualidad.
Y esta exposición del mensaje pictórico-escultórico-escritural mueve sin dudas a la admiración y a la ternura, e invita a recrear la propia vida que, como todas, se entreteje con la historia universal, más, con no poco poesía.

Curadora Maria Silvia V.S. de Sayus, 'Historias a puntadas, un cómic de tela',
texto catálogo muestra "Organización Pepe",
Museo de Arte Español Enrique Larreta,
Buenos Aires, Argentina,  Marzo, 2011
      

EL MUNDO DE COLORADA PANOCHA, MITOLOGIA FAMILIAR, I


En esta muestra la artista Pilar Vigil trabajará con pinturas y collage lo que ella ha llamado mitología familiar, centrándose en este caso en la figura de la madre. La temática general de esta parte de su obra -de la que en el Espacio de Arte ESEADE se expondrán sus pinturas- es la historia familiar recreada de forma plástica, literaria, a través de objetos y productos textiles.

Espacio de arte ESEADE,Buenos Aires, Argentina, 2009



TRES

Gal. Van Riel: Caseiro / Jacob / Vigil

Existe un lenguaje en común que reúne la obra de estas tres artistas, y al mismo tiempo las identifica: la eleccción de materiales de la naturaleza o de la vida cotidiana, y el carácter esencial y despojado a la hora de aplicarlos. (...) Pilar Vigil se diferencia de I.Jacob y A. Caseiro por cierto carácter lúdico-humorístico que denotan sus trabajos marcados con un acento irónico que tiñe una particular puesta escenográfica.

Revista ARTINF, Buenos Aires, Argentina, 2003   




FILDATAMARA

La mostra que presenta a la Sala Tàpies del Casal pretén ser un pont entre l´escriptura i la imatge, entre el treball plàstic inmediatament anterior, collages figuratius realitzats amb materials pobres, i una tendència més conceptual, directament emparentada amb la seva vocació literària... El nom de la mostra, "Fildatamara", un joc de paraules e català sintetitza aquesta pretensió

Revista del Casal de Catalunya, Buenos Aires, Argentina, 2000    



Plena de humor y audacia, la obra de Pilar conmueve con elementos simples y cotidianos transformados innovadoramente en deliciosos objetos de arte

Tuxys, arte & cultura. com 



Pilar Vigil embebe esponjas vegetales que en macetas evocan a algún espíritu o aire indígena
Romina E. Freschi, 'Piedrecitas, jaulas y animales',
Revista Ramona, Buenos Aires, Argentina, 2000



MONTROS, PEPONAS Y ALAMBRETES


El sisal, el alambre o la madera dibujan. Hacen, por ejemplo, 'montros': monstruos-caprichos que además son dichos, porque Pilar Vigil trabaja también una vertiginosa palabra acompañante, como se hizo en recordables poéticas de vanguardia. Lo de ella no es vanguardia: está a la vanguardia de esa creación que siempre se presenta como provisoria y humorística, porque se sabe a historia en el aire, en tiempos en que toda seriedad amenaza en constituirse en renuncia artística.

Revista ARTINF, año 24 nº 106/107,
Buenos Aires, Argentina, Septiembre, 2000  



En la Galería Van Riel, Pilar Vigil expone "Montros, peponas y alambretes". Esta artista orígen peruano, que reside en Barcelona desde su infancia, se siente atraída por objetos en desuso de carácter cotidiano. Los recicla, con sutil humor, los ensambla y, de esta manera, una tabla de lavar ropa se transforma en un pato de juguete. Vigil anima un silencioso mundo lúdico con materiales naturales y, cuenta, además, en esa selección con texturas y gamas formales que adquieren gran expresividad.

Bárbara Bustamante, 'De una a la otra',
Buenos Aires, Argentina, Septiembre, 1999    


Pilar vigila

Hace algunos años conocí la obra de una artista francesa. Entre sus trabajos, había una pequeña figura, algo grotesca, aunque imponente. "¡Es un vigil!", me dijo en sus medias lenguas. "Él me cuida". Ahora, mientras me disponía a escribir estas líneas, acude a mi mente la anécdota y este sencillo juego verbal.
María del Pilar Josefina Vigil Cartagena, peruana de nacimiento, pasó en Barcelona más de la mitad de su vida, recalando desde hace once años en Buenos Aires. Asoma aquí por vez primera este "vigil" (vigilante, centinela). Si pensamos en el centinela como alguien que custodia un lugar o una cosa, permaneciendo largos períodos a la espera de señales y guardando muchas veces una posición discreta, entonces tenemos este "vigil" a nuestra medida.
Pues bien, en plena infancia, Pilar, hija de un manchego aventurero y una joven limeña muy tierna y voluntariosa, es transplantada junto con sus hermanos menores a la Barcelona de postrimerías del franquismo. Y si bien la familia es progresista y tiene un claro afán de integrarse al nuevo medio, queda en ellos siempre latente algo de la suavidad, el perfume, cierto floreo castizo y tropical del Perú. Frente a la rudeza, muchas veces impostada, de los españoles, rudeza que Pilar también aprende, queda en custodia, casi en secreto, su condición de "ultramarina". Llegan los años universitarios. El buen sentido dicta que debe seguir una carrera con garantías. Pilar se licencia en Historia en la Universidad de Bellaterra. Al año obtiene una plaza como profesora. En todo ello se desempeña con firmeza y seguridad. Sin tropiezos... sólo que algunas veces, por el rabillo del ojo, ha visto desfilar a Neruda, Tàpies, Vallejo, Miró... Ser artista quizá no era una profesión seria y estructurada. Muchas veces ha estado a punto de dejar ahogar esta vocación poética naciente, pero siempre hay una pequeña llamita azul encendida, el piloto, el centinela. Tímidamente, colabora con sus poemas en revistas universitarias, al tiempo que comienza a guardar sus garabatos del teléfono. Junto a una fachada de la Catedral de Barcelona aparecen varios roleos florales y unas carotas de negros. De pronto, Pilar Vigilante repara en los alambretes de tinta, los rescata del cesto, los estira, prueba de colorearlos, de hacerlos intencionadamente. Desde entonces, hace unos quince años, no se detiene más. Pinta, escribe y organiza.
Las circunstancias la traen a Buenos Aires. Con el tiempo esta calamidad se transforma en nuevo motor. Retoma por entonces la escritura. En varias composiciones, poemas, retratos y versiones de una novela, aún inédita, permite que florezca y fructifique mucho más que giros idiomáticos o reminiscencias. Transita por su prosa un mundo de evocaciones del reducto íntimo, cotidiano. Con esta íntima familiaridad recrea y poetiza su universo vivencial.
La obra plástica, por su parte, lucha por conquistar la atención de Pilar, que durante mucho tiempo alterna tajantemente períodos literarios y plásticos. Intuiciones, itinerarios y batallas ambos que luchan por un tiempo en la mente de la artista, como tenaces contendientes. Cuando uno predomina, el otro pasa a un sueño liviano, vigilante... Desde hace unos años gobierna la plástica, aunque quizá no vigile suficientemente. No es un gobierno autoritario, absoluto. Se cuelan entre las filas de la pura plástica células sediciosas, que intentan conservar vivos otros lenguajes e intereses pretéritos. Pilar selecciona un ángulo especial para plasmar o re-diseñar la realidad. Sus imágenes, sus personajes, están planteados con una sencillez figurativa que a veces se asimila como síntesis vigorosa y humorística, pero otras veces parece rozar la llanura dolorosa y amenazante del no-arte. Siempre la festonea: parece desafiarse desafiándonos. En todo caso vigila, sonriente. Al poner la mirada y elegir sus materiales entre lo más humilde y lo más doméstico, recorre su espíritu inquieto aquellos pueblos de piedra, chapa, cartón y junco. Su retina está impregnada, su olfato busca el humo resinoso de los hogares, atardeceres de aldea, universo de cencerros, cucharas, trillos y cántaros. Tierra natal de todos nosotros. Quizá por esta vigilia transitemos todos, vigilia de un Sueño mayor.

Artista plástico Herib Meluso, 'Pilar vigila', texto catálogo
muestra "Montros, peponas y alambretes",
Gal. Van Riel,
Buenos Aires, Argentina, 1999



TOROS, MANOLAS Y GUITARRAS


Y ellos juegan juegos diferentes (...) PV violenta los materiales despreciando y obligando a despreciar su orígen... PV, en cambio,  nos trae el misterio del toro, casi el espíritu del toro a través de un trompe l´oeil pero al revés: en lugar de que una serie de materiales simule ser un objeto real, aquí unos objetos pasan a ser otro, sin ninguna intención de realismo o de reemplazo de la realidad. Solo toro, no 'este' toro ni un toro porque es 'bello' ni la 'esencia' del toro ni la 'definición' del toro.

Marita Soto, Revista ARTINF, año 22, nº 102,
Buenos Aires, Primavera, 1998



Vigil, de orígen catalán, tiene una modalidad aparentemente más primitiva y trabaja con materiales y procedimientos diversos. Una carga ancestral parece renacer en la síntesis que preside su Cabeza de toro

Aldo Galli, 'Enfoques urbanos y temas españoles',
La Nación, Cultura, Buenos Aires, Septiembre, 1998 



Toros, manolas y guitarras se llama la muestra que reúne en el Museo Larreta los trabajos de M.S.Corcuera Terán, L. Grosclaude y Pilar Vigil, que con abordajes diversos intentan recuperar aquellos elementos que de manera cierta trazan el puente cultural entre América y España. La excusa de un tema en común aproxima los planos de colores intensos de Grosclaude, a los peinetones de Corcuera y los objetos lúdicos de Pilar Vigil.

Revista 'La Nación', Buenos Aires, Septiembre, 1998 

(...) La española Pilar Vigil propone trabajos realizados con materiales de descarte, imprimiéndoles un toque de humor
Página 12, Buenos Aires, Septiembre, 1998 



Estos elementos aparentemente aislados, tomados como título de la muestra, hablan de un ida y vuelta, de un proceso de trasculturación que también afecta a la imagen, oscilante entre la figuración y la abstracción (...) Pilar Vigil, a través de su "figurinismo" propone un marco jovial en sus objetos, que tienen la misma seriedad (ironía a la manera de Unamuno) que aquel Pinocchio de Carlo Collodi

Crítico O. Mastromauro, 'De toros, manolas y guitarras',
texto catalógo muestra homónima,
Buenos Aires, Argentina, Agosto, 1998




FIGURINISMO


Pilar Vigil, peruana radicada antes en España, y actualmente en Argentina, ha ideado un grato bestiario de figurines que, como en la baraja, tiene su costado que ver con la realidad. Sólo que en este caso nos regala un botinero, una catalana barcarola, reinas, brujos y santos con un lenguaje de creativa inocencia tal, que justifica el prólogo de nuestro admirado y querido amigo, Luis Grosclaude, otro 'salidor de inocencias', cuyas palabras van en mengua de las nuestras, y sintetizan la experiencia en dos frases extraídas de su texto "El taller de Geppetto": ¡Pasen y vean!

Crítico O. Mastromauro, "Figurinías",
La Verdad, artes &oficios, Junín, Prov. Buenos Aires,
Argentina, Agosto, 1997 



Se respira un clima ambiguo, de vida latente. ¿El taller de Geppetto? Algo sacro impregna todo. Una ceremonia que se repite: los objetos encontrados van a transmutar; se despiden de su vida anterior. Ya nunca más serán un cepillo, una manija, una pata. Desde ahora serán poesía. La obra de Pilar desafía.
Se convierte en una cuestión personal. Nos obliga a ganarle al desconcierto inicial. Que queda superado cuando, en el momento justo, se conjugan desconcierto y poesía. Entonces se produce el hecho artístico. Ese "clic" es contraseña indispensable para trasponer el universo de Pilar, poblado de texturas, rugosidades, vegetales secos, deshidratados, y colores sordos y terrosos.
(...) A no olvidarse de los retratos (?), dibujos de línea despojada e incisiva, construcciones de ensamblados recios y vitales texturas, todos de innegable, desbordante originalidad, y con recursos genuinamente plásticos. Una corte de personajes de rara solemnidad, que puebla los cuadros murales (más grandes). Una vez más la ambigüedad, donde el grotesco empaque de los personajes titiritescos contrasta con la dignidad plástica que los hace imponentes, muñecos sagrados. Color y no-color. Una simplicidad engañosa y una atmósfera de prestidigitación envuelve la obra de Pilar que descoloca al espectador. Pasen y vean.

Artista plástico Luis Grosclaude, 'Desconcierto y poesía',
texto catálogo muestra "Figurinismo",
Gal. Van Riel, Buenos Aires,
Argentina, Agosto, 1997

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